Todo el mundo habla sobre la autoestima, pero, ¿qué es exactamente la autoestima?
Para acercarnos a su definición vamos a ver primero un concepto muy cercano, el autoconcepto. El autoconcepto es la opinión que una persona tiene sobre sí misma. Es el conjunto de rasgos y características de personalidad que lo definen. La autoestima, por su parte, sería, el valor afectivo que le damos a esa percepción, es decir, si el conjunto de todos esos rasgos es positivo o negativo.
La autoestima es la percepción y la valoración que tenemos de nosotros mismos. Es el conjunto de opiniones, sensaciones y percepciones que tenemos acerca de nuestra valía como personas. Si el conjunto de características que nos otorgamos son positivas, tendremos un autoestima alta. Por el contrario, las personas con una autoestima baja tienden a definirse principalmente con rasgos negativos.
La autoestima no se hereda, es decir, no nacemos ya con un autoestima alta o baja. Se va formando desde que somos niños, a través de las experiencias que vivimos y cómo las interpretamos.
En ello tienen un papel muy importante las personas que nos rodean, y lo que nos reflejan de nosotros como personas. Por ejemplo, si una persona tiene una opinión positiva sobre mí, su forma de dirigirse hacia mí será agradable, hará comentarios sobre mis aptitudes y mis habilidades y eso aumentará también mi percepción sobre mi valía. Por el contrario, una persona que solo me refleja mis defectos, lo que hago mal, o en qué me equivoco, me hará darle más importancia a esas características.
La autoestima influye en nuestra estabilidad psicológica, la forma de relacionarnos y nuestro desempeño académico o profesional.
Además, la autoestima alta predispone a la flexibilidad y la capacidad de aceptar los cambios que van surgiendo en nuestra vida. Corresponde a personas independientes, más colaboradoras y participativas. Estas personas asumen más responsabilidad en sus relaciones con los demás y tienen relaciones más sanas.
Las personas con una autoestima baja tienden a ser muy críticas consigo mismas, centrándose en cada fallo aunque sea mínimo. Tienen miedo a lo nuevo y a los cambios, ya que piensan no tener habilidades para hacerles frente.
Son sumisos en sus relaciones con los demás, y suelen aislarse socialmente o tener relaciones personales inestables. Necesitan la aprobación de los demás o les cuesta decir «no». Además, tienen predisposición a la aparición de otros problemas psicológicos como ansiedad, o depresión.
Es muy importante evaluar el tipo de relaciones que mantenemos, así como aquello que vemos y seguimos en redes sociales. Hay personas que nos hacen sentirnos o pensar peor de nosotros mismos. Si no es posible evitarlo, (familia, pareja o compañeros de trabajo), habrá que intentar encontrar la manera en que podamos relacionarnos con ellos sin que nos afecte.
La terapia psicológica tiene un papel fundamental en la mejora de la autoestima. Ayuda a potenciar una imagen más positiva de la persona sobre sí misma. Hace consciente a la persona sobre sus habilidades y competencias, y la necesidad de ser capaz de expresar sus emociones y necesidades, mediante entrenamiento en habilidades sociales y asertividad.
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