Muchos niños tienen miedos y preocupaciones. De hecho, la mayoría de ellos son normales y adaptativos a determinadas edades, como el miedo a la oscuridad, a los animales, o a separarse de los padres. Estos miedos evolutivos desaparecen con el tiempo, a medida que van comprendiendo el mundo y aprenden a distinguir qué cosas son realmente peligrosas y cuáles no. Por ejemplo, cuando un niño, en repetidas ocasiones, logra dormir con la luz apagada y solo en su habitación, el miedo desaparece.
Sin embargo, cuando la experiencia repetida de las situaciones no provoca la adaptación del niño, y el miedo se mantiene o aumenta, necesitaremos la ayuda de un especialista.
Es posible que un progenitor o adulto en la familia, o incluso un profesor, pueda observar indicios de que un niño está sufriendo ansiedad. Por ejemplo, cuando a la hora de ir al colegio el niño llora, expresa sentirse mal y acaba perdiendo clases. También si a menudo se muestra asustado ante interacciones sociales o habla menos de lo normal, evitando ir a determinados lugares o ver a sus amigos.
Además, puede dejar de hacer cosas que le gustan o de disfrutarlas, o tiene problemas de sueño o pesadillas frecuentes.
Sin embargo, en muchas ocasiones los niños pueden elegir no hablar de sus preocupaciones y evitar aquellas situaciones que les generan malestar, lo que puede complicar detectarlo.
Dependiendo del contenido de las preocupaciones o miedos, la existencia de un estímulo ansiógeno y su frecuencia, podemos encontrarnos con un trastorno de ansiedad por separación, fobia social, trastorno de ansiedad generalizada, una fobia específica o el mutismo selectivo.
Si quieres saber más acerca de estos trastornos, visita la entrada del Blog Principales Trastornos de Ansiedad en niños y adolescentes.
El tratamiento de elección para la ansiedad infantil es la terapia psicológica. Si notas cambios en el comportamiento de tu hijo, como algunos de los síntomas mencionados anteriormente, o sientes que la ansiedad de tu hijo se hace más intensa y empieza a obstaculizar su rendimiento escolar o las relaciones con sus amigos y familiares, es probable que necesite ayuda profesional.
En la terapia psicológica es imprescindible la implicación de los padres y el resto de la familia para obtener resultados satisfactorios. Los padres, en el caso de la ansiedad, trabajarán como modelo de conducta e irán reforzando cada pequeño paso que de el niño durante el tratamiento.
La terapia ayudará al niño a enfrentarse a aquellas situaciones que le generan miedo y ansiedad, de manera muy gradual para permitirle experimentarlas sin excesivo temor y que, poco a poco, gane control y seguridad respecto a sus capacidades.
Con el tiempo, el miedo y la ansiedad irán disminuyendo y será capaz de enfrentarse y disfrutar de más experiencias, cambiando sus pensamientos por otros más adaptativos y gracias al refuerzo y al apoyo de sus padres.
Si tu hijo presenta algunos de estos síntomas y estás buscando psicólogo infantil para la ansiedad en Córdoba, no dudes en pedirme información.
Estaré encantada de ayudarte.